Generations of Love
Me imagino que dentro de cada persona hay un ídolo pagano, y este ídolo causa vergüenzas y nos hace justificarnos. Ayer vi por la calle a un hippie en toda la extensión de la palabra, sólo que tendría como 58 años, pelo largo, barba larga, camiseta con un símbolo de paz, un morral, una banda en la cabeza, pantalones estampados, etc. todo el conjunto. Pensé “hay gente que no sabe evolucionar”. Hay gente que sigue escuchando sus discos de Led Zeppelin, de Los Beatles, de Rolling Stone. Hay gente que colecciona memorabilia de Madonna, Britney y Timbiriche.
Hay otros que se escudan detrás de una era, como los 90’s, se van al fondo de la nostalgia y después de Nirvana nunca fueron los mismos. Otros pecamos de fieles extremistas, esperando el nuevo disco de Nick Cave, de Morissey, de Spiritualized, de Kate Bush, de esa gente que ponemos en un nivel superior. Contamos los días, nos tronamos los dedos, nos suscribimos a su MySpace.
Otras veces nos damos permiso de escuchar las canciones que “diosnoslibre de que salgan en el shuffle del iPod cuando presumimos en público” hence the closet fans de ABBA, Erasure y Pat Benatar, al final la música que escuchamos es parte de nuestra identidad y como mencioné: todos tenemos un ídolo.
En el 2005 cuando Antony and The Johnsons editó el magnífico “I am a bird now”, uno de mis primeros ídolos musicales compartió escena en la canción “You are my sister”. Recuerdo muy bien la primera vez que la escuché, todo fue una sucesión de pequeños eventos en menos de dos días. Una amiga me dice -tienes que escuchar a Antony!- yo obedezco, caigo presa de su voz, me pongo a buscar como loca todas sus canciones, no leo nada sobre él, quemo un CD, me subo en mi carro y me voy a dar la vuelta. Cuando llega ”You are my sister”, yo no podía creer lo que escuchaba, esa voz inconfundible se coló como agua y la belleza de la canción la enalteció. Era Boy George.
Hacía muchisimos años que ni siquiera me había acordado de la existencia de ese tipo multicolor que en mi adolescencia había protagonizado algunos de mis históricos berrinches musicales.

Podría hacer un paseo por la historia y narrar que tuve todos sus discos, con Culture Club y en solitario, que seguramente algunos de esos discos algún día valdrán bastante dinero, en especial los Singles de 12″ y whatnot; que tenía un album de recortes de revista y mis cuadernos estaban tapizados de sus desplantes y de sus looks de esperpento y que en aquella época, a los 13 años, yo no conocía la palabra gay y me resultaba super simpático leer que le gustaban los hombres. Para mi su voz era la que me tenía encandilada y embrutecida. Como la de voz de Antony, la cual a mucha gente les parecerá muy melosa, operística, dramática, andrógina o gay, pero para mi, en este universo a veces excesivamente democrático del pop, pocos cantantes cantan bien, pocos tienen voces originales y todavía menos tienen voces que conmueven.
Este año, Boy George se lanza a una gira por norteamérica y se presenta en Montréal. Me hago la pregunta: ¿Voy a verlo? ¿Por qué querría verlo?
A la primera me respondo sincéramente: no se.
A la segunda, respondo con lo siguiente:
George es un artista de esos incomprensibles, es británico hasta la médula, es insolente, coqueto, escandaloso, es una vibora, es inteligente, es witty, hace lo que quiere, es un demente, parece un collage con patas, ha barrido las calles de Nueva York y dentro de todo eso, ha grabado colaboraciones geniales que justo acabo de descubrir. Querría verlo porque sería un espectáculo muy divertido, a diferencia de un “must see concert”, sería entretenido, me haría cantar, me derretiría con su mentada voz y la niña fan se daría por bien servida.
Para responder la primer pregunta, me puse a navegar por internet y descubrí muchas de esas colaboraciones magnificas que permanecen en la obscuridad, algunos mixes decididamente gay’s, algunas canciones de unrequited love que tan bien se le dan, algunos “clásicos”, algunos spots de TV y en mi búsqueda me repasé su biografía que es como una tragicomedia y de ícono se vuelve humano y se luego caricatura y vuelve a ser artista.
Como no soy muy dada a la nostalgia y la mayoría de las canciones de Culture Club en general ya no me gustan, no consigo decidirme si pagar los $40.00 dolares para ir, (sola, pues quien en su sano juicio quiere irse a meter al Metropolis con una bandada de nostalgiques y drag queens), sin embargo, de toda esta odisea una cosa es cierta, cuando tenía trece años yo vivía obsesionada con su voz y veinte años más tarde me sigue gustando tanto o más, pues la escucho con madurez y con mucha música in between.
Su gira empieza el 10 de julio en Estados Unidos, lo único que me queda es leer algunas reseñas para decidirme. Si el show se sostiene bien, el dinero destinado a unos cuantos indie shows se lo va a comer un tipo que sobrevive en la industria musical pese a sus multiples intentos de autodestrucción.
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