Everything changes in an instant.

La semana ante pasada estaba sentada en la librería y no había clientes. De hecho, el último cliente que había entrado había sido hacía como tres horas. Una persona podría pasarse la vida leyendo ahí, pero al mismo tiempo hay dos enormes distracciones: el teléfono e internet.

Normalmente mis tours del internet se limitan a mi google reader con mis blogs literarios y mis blogs favoritos de gente que no conozco. He eliminado muchas suscripciones, hay blogs que generan hasta 40 artículos por día y en tres días de no leerlos el Reader me dice que hay 120 non-read items. Sin quererlo, esta sentencia me estresa.

Me gusta leer The Guardian y en eso estaba cuando unas letras empezaron a parpadear justo debajo de la dos palabras “The Guardian”, eran unas letras rojas que decían Breaking News: Michael Jackson rushed to hospital due to cardiac arrest.

-Ajá! Se quiere escapar de hacer sus conciertos en Londres – fue mi primer pensamiento- Qué chafa y qué barato, pero era de esperarse.

Cómo no queriendo salté al New York Times y acababan de colocar la noticia. Todos decían “story developing”, brinqué a People.com (mi guilty pleasure) pero aún no había nada ahí. Volví a The New York times y al pie de la nota decía “Originally reported by tmz.com”.  Tmz para quienes nunca lo han visto puede resultar un lugar asqueroso. Es un sitio de chismes del espectáculo de lo más bajo y poco credible (o al menos eso pensaba) del mundo. Si aborresco a Perez Hilton este sitio me parecía aún más despreciable pero el morbo, lo confieso, y la desocupación rampante me hicieron visitar tmz.com justo, justo en el insante en que publicaban el encabezado: Michael Jackson R.I.P.

Recuerdo cuando murio la princesa Diana, en el 97. Recuerdo exactamente donde estaba, qué estaba haciendo y recuerdo la sensación de susto, como si el mundo hubiera cambiado de color.  Igualmente recuerdo las torres gemelas, la primera invasión de los Estados Unidos en Irak. Cosas así que desestabilizan porque en una situación normal, cada cosa tiene su lugar, y cada cosa debe amanecer en el mismo lugar. Si no sucede así nos invade el recordatorio que más tememos los seres humanos: nada es permantente.

Llevo como tres noches invadida de una extraña sensación. A mi nunca me gustó Michael Jackson, como me imagino que a la gran mayoría de la gente. El problema es que me se sus canciones, me se sus videos, me se su historia, me he reído de él, lo he despreciado, lo he ridiculizado y no le he dedicado ningun tiempo considerable y mucho menos he ido en busca de una canción, específicamente de MJ , para escucharla con verdadera intención.

Recientemente, sin embargo, busqué unos discos de Cyndi Lauper. Los escuché una vez, me dejé invadir por la nostalgia y acto seguido los borré. Pero ¿MJ?

Lo confuso es que en estos útlimos días, por razones que no me logro explicar, he aprendido más sobre él que en toda mi propia vida como consumista de la cultura pop y mientras leía noticias a diestra y siniestra, noticias desmesuradas, falsas, locas, verídicas, me ha invadido una tristeza tremenda: la colectividad puede construir y destruir a un ser humano como con una varita mágica. La cara de MJ en todas las revistas, en todos los sitios de internet no nos deja verlo como un ser humano; ni nos dejará

Qué pinche vida le tocó vivir…

En estas  noches pienso en sus tres hijos, los tres fantasmitas, de quienes nos reíamos cuando los fotografíaban con su papá, con máscaras, velos y demás. “Pobres” decíamos, van a crecer trastornados. Ahora, incluso antes del servicio fúnebre desmesurado y antes de que la niña hablara al micrófono, he pensado en ellos, no por empatía, ni porque me importen gran cosa, sino porque es como ver a cualquier persona estar en peligro de ser devorado por un monstruo o un tiburón, mirarlo desde lejos y no querer ver, pero sin mucha alternativa.

A veces, cuando veo en la calle a alguna persona con una discapacidad, especialmente una discapacidad grave, en compañía de sus padres o sus familiares, soy testigo del amor, de la protección, del cuidado que reciben, pero apenas dos pasos adelante, me pregunto ¿qué pasará cuando sus padres mueran?” “¿Quién les dará esa protección y ese amor?”.  Algo así siento por los chiquillos de MJ. Una inquietud lejana.

Hoy en La Presse decían muy ciertamente que “parece que MJ hubiera abandonado a sus hijos en un escenario para ser devorados por los medios”. Pues así lo hizo, ahí quedaron a merced de millones de ojos y millones de cámaras, sin máscaras y sin velos.

Por lo pronto, quiero dejar de ver la cara de ese pobre hombre por todas partes, quiero dejar de escuchar “Billie Jean” en cada tienda, quiero imaginarme que fue un sueño extraño y que todo está correcto y en su lugar.

Artistas como MJ son similares a un objeto decorativo en una casa, tal vez lleve ahí años y años y no haya intención ni de quitarlo ni de desempolvarlo siquiera, pero si un día desaparece, si un día se desplaza de un punto a otro la armonía se rompe y a veces, si ese objeto decorativo tenía una energía feng-shuiesca, ese movimiento quita el sueño.

RIP

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