Si hiciera una suma de las horas que paso tratando de entrar a los laberintos creativos de otros, ya hubiera yo misma escrito mi novela (para mis adentros por supuesto), pero no dejo de maravillarme. Año tras año hay más cosas nuevas y el asombro disminuye en proporción. Ahí estamos, abriendo la boca ante la nueva aplicación para el iPhone aunque sea una soberana estupidez. El asombro, caray, hace tanto que no lo siento desde las plantas de los pies como sacudida de vértigo.
Me fui de vacaciones y cargué el iPod, le puse los viejos clásicos y todo lo nuevo que había descargado. No tuve la motivación de escuchar nada, todo me sonaba igual, todo me sonaba a la cancioncita escrita con una guitarra acustica frente a la laptop, un juego de funciones más que un ejercicio de creación.
Lo admito, estoy cascarrabias, estoy abrumada por la cantidad y no por la calidad. Lo he dicho antes.
El proceso creativo que tanto me intriga se evade de mi entendimiento, sólo llega a mi cuando ya estoy de rodillas alucinando y haciéndome mi pregunta favorita “¿Cómo es posible?”.
Ayer fui a un evento de Pop Montreal, un “concierto” improvisado. Lanzaron una convocatoria para que músicos de todos los estilos y habilidades enviaran un correo para inscribirse. Los primeros 36 los agrupaban aleatoriamente en bandas de cuatro miembros y tenían un par de días para componer dos canciones. Ayer fue la presentación.
Hubo de todo, desde rock a la Sleater Kinney, hasta el soundtrack de una película de vampiros, voces que en momentos me recordaron a Frank Black o cancioncitas estilo Belle and Sebastian, toy-pop, en fin de todo. Fue un evento divertido y supongo que la única lección que hay que rescatar es que la creatividad puede ser infintiamente divertida si uno no se lo toma en serio.
Lo malo es que yo no lo aprendo.
Pero entonces vuelve Dan Bejar o mejor conocido como Destroyer y libera Bay of Pigs y me envía de nuevo a la agonía de la búsqueda: ¿De donde viene ese espíritu y esa capacidad de creación? Es acaso la ley del 90/10? 90% trabajo 10% talento?

No lo se, pero bien dicen en la reseña, la palabra “épico” es gratuita, como lo es la palabra “genio”, me niego a darle estos adjetivos a esta canción, es mucho más, es superior y me refiero a su alcance, a la velocidad que traspasó todas las canciones que he escuchado este año y las ha aniquilado. Esta canción me dice:
Your ears deserve much more, your lonely walks deserve better companionship than the endless dial and shuffle of songs that don’t permeate your spirit. You are right in preferring silence but you can break it for 14 minutes.
Si, estoy un poco loca, una canción me habla y yo le corro al teclado porque si mi emoción primera se desvanece, entonces estoy en problemas: me invade una terrible soledad.
Dan Bejar me ha sorprendido una y otra vez, por eso no abandona el iPod. Confieso que me he escrito sus frases en el cuerpo, confieso que he querido pintarlas en mi pared, confieso que he pasado más de 15 minutos en el Bejar-o-matic. Él está en una clase a parte, ha dejado atrás al movimiento indie-alternativo, se ha encerrado o más bien, los encerró a todos y tiró la llave. Está tan libre en el mundo que se da el lujo de extenderse hasta donde le da la gana.
Hoy sólo escucho playlists cuidadosamene seleccionadas, ya no me dejo ir por un blog que cada cinco minutos escribe sobre otro grupillo semi-conocido y cuando veo el cartel de Osheaga y Pop Montreal, conozco solo a tres o cuatro cuando antes era tan geek que me emocionaba por cada nombre.
Fellow music lovers, aquí como en todas las áreas de la vida, es importante saber qué es lo que se quiere.
Escúchala aquí (con todo y letra).
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